Una entrevista con el colectivo Londres38

Carmine Conelli

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Londres38 – espacio de memorias es un ex centro de represión y exterminio de la dictadura militar de Augusto Pinochet ubicado en el centro de Santiago del Chile. Desde 2005 algunos colectivos, entre ellos el Colectivo119 y el Colectivo Londres38, junto con los familiares de los desaparecidos, han luchado para rescatar este espacio contra los intentos institucionales de anestesiar y borrar la memoria de la represión. La recuperación del edificio tuvo un doble propósito: para utilizar el espacio como un lugar de testimonio de las violaciónes de los derechos humanos que se produjeron en esta casa, y también para incentivar el diálogo y el debate sobre este tema mas allá de lo ocurrido en el período de la dictadura. 

El trabajo de Londres38 como organización social para los derechos humanos busca contribuir al conocimiento, a la transmisión de las memorias y de la historia de este lugar, de sus protagonistas y de las experiencias de lucha de la memoria lucha y resistencia relacionadas. La organización reúne a los ex detenidos sobrevivientes, familiares de desaparecidos y de presos ejecutados, ex militantes y militantes de izquierda, que desde 2005 se han movilizado para visibilizar la historia y la presencia en la ciudad de la primera área de detención, tortura y exterminio que operó entre el septiembre 1973 y el septiembre 1974 en la calle Londres. Aqui desaparecieron y fueron asesinados activistas del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), en su mayoria, y de otras organizaciones de la izquierda chilena como el Partido Socialista y el Partido Comunista. Fue en Londres38 que comenzaron, de manera sistemática, las prácticas de secuestro y de tortura que fueron seguidas por la desaparición de los presos políticos en la época del terrorismo de Estado iniciado por el laboratorio del régimen neoliberal de Pinochet.

Con esta acción de recuperación, los colectivos que forman parte de Londres38 tienen como objetivo contribuir a la construcción y a la re-significación de las memorias relacionadas con lo que ocurrió en este lugar, y a nivel más general con la memoria de lo sucedido durante la dictadura, como lo demuestra la campaña en curso para la reapertura de los archivos del régimen. La organización entiende como “memoria” un campo abierto, un proceso de construcción colectiva que permite el procesamiento del pasado a la luz de los desafíos del presente. Por esta razón lo que Londres38 busca no es sólo recordar la violencia y la represión, sino también poner en relieve los procesos de resistencia, nacidos en la época de la dictadura, y que todavía están presentes en la sociedad chilena. La recuperación de Londres 38 como espacio de memorias no sólo responde a la necesidad de luchar contra el olvido y la invisibilidad de las luchas sociales del pasado, sino también busca evidenciar los aspectos de continuidad entre esas luchas y las de la presente. El colectivo subraya la importancia y necesidad de poner en discusión el discurso político institucional actual respecto a los hechos del pasado reciente y al modelo neoliberal de la sociedad establecida después del golpe de 1973.

Es sobre estos temas que trata la exposición “Brigada de la propaganda – 40 Años de Luchas y resistencia”, organizada por Londres38 en Santiago y que ahora se puede ver por primera vez en Europa y en Nápoles presentado por Deco[K]now en el ex-Opg occupato “Je so’ pazzo”, con el título “Memorias de lucha y resistencia en Chile “. En el contexto de la inaguración de esta exposición, que se celebrará Viernes 5 de junio 2015 a las 18:00, hemos entrevistado a Gloria Elgueta y Juan René Maureira de Londres38. En la ocasión hemos discutido sobre las herencias de la dictadura militar en Chile y la importancia que han tenido las movilizaciones políticas de los últimos años, en evidenciar la continuidad que ha existido entre el régimen neoliberal impuesto por la dictadura y los gobiernos democráticos de los últimos veinte años.

 

  1. ¿Cómo se ha constituido el espacio de memorias Londres38? ¿Por qué lo han definido como un espacio de memorias y no como un museo o un centro social-cultural?

Juan René Maureira. El espacio de memorias Londres38 se ha constituido en el marco del mismo proceso de la recuperación de la casa. Varios colectivos lucharon porque este espacio pudiese ser recuperado como un sitio de memoria oponiéndose a la decisión del gobierno Bachelet que quería utilizarlo como una futura sede del Instituto de los Derechos Humanos. Fueron estos colectivos los que interpelaron al estado para que este espacio fuese testimonio de lo que había ocurrido ahí, pero además sirviera a la comunidad como un espacio donde se pudiese dialogar, debatir y realizar actividades. Nosotros no concebimos este espacio como un museo porque buscamos que cuando las personas vengan y lo conozcan, se haga en el marco de un dialogo, en el cual nosotros somos portadores de una memoria, y el visitante, a su vez, de la suya. Es el diálogo de esas memorias lo que va generando la construcción de una memoria colectiva. En nuestro relato, explicitamos al visitante que somos un espacio de memorias pero también una organización social que promueve la justicia, el respeto por los derechos de la persona y que apoya las transformaciones que están promoviendo los movimientos sociales hoy en día.

Gloria Elgueta. No nos interesa ser un museo porque queremos trabajar, no sólo con la dimensión de victima de las personas, aunque reconociendo que esas personas sufrieron la tortura, la desaparición, la muerte y muchas otras formás de represión que operaron al conjunto de la sociedad. Pero la dimensión o la condición de victima no agota la identidad de una persona ni de un grupo social. Esta es la idea sobre la cual nosotros trabajamos, y en este sentido nos interesa también comprender y relacionar la condición de víctima con las otras identidades; identidades militantes, sociales, de clase, de género, etc.

  1. Como grupo de investigación sobre la descolonización de los saberes, pensamos que la modernidad revela, desde su nacimiento, su cara colonial. Es decir, rechazamos las interpretaciones hegemónicas que hablan de una modernidad nacida en Europa para difundirse en otros continentes. Más aún, pensamos que muchas veces las que en Europa son percibidas como “colonias”, “países subdesarrollados” o del “tercer mundo” son utilizados como laboratorios para experimentar nuevos dispositivos de gobierno. Tomás Moulian ha definido la experiencia de la dictadura de Pinochet en Chile como una “revolución capitalista”. En particular, como un primer laboratorio a nivel mundial del neo liberalismo. ¿Cuál fue precisamente la responsabilidad de la dictadura en el avance del neo liberalismo en Chile?

G.E. Efectivamente Chile, de alguna manera, fue una cierta vanguardia capitalista, no sólo en América Latina sino también respeto a otros países que después adoptaron esas transformaciones económicas, por ejemplo en el Reino Unido con Thatcher. En América Latina, muchos países adoptaron e incorporaron las reformas al código del trabajo, al sistema previsional, y al sistema de salud que se habían implementado en Chile. Por otra parte, la desaparición forzada más conocida en el mundo, ha sido más asociada a Argentina, probablemente por la envergadura, por la magnitud de la práctica y el número de desaparecidos, pero en realidad la desaparición forzada, con las características típicas de estos regímenes, comenzó en Chile. El terrorismo de estado, perfectamente estructurado, legitimado incluso internamente, por lo menos en ciertos sectores, comenzó en Chile acá, en esta casa. Efectivamente Chile fue un experimento y una vanguardia que sigue teniendo mucha actualidad, lamentablemente, sigue siendo visto como una experiencia exitosa. Particularmente este éxito se vio coronado con los acuerdos alcanzados durante la post-dictadura, con la que se llamó la “transición”, donde esas políticas que se habían operado durante la dictadura, finalmente fueron legitimadas por gobiernos elegidos democráticamente. Esto es lo que ha sido puesto en cuestión desde el 2011, a partir de la movilización estudiantil y de las otras grandes movilizaciones territoriales que hasta el día de hoy hay en Chile.

J.R.M. La responsabilidad de la dictadura en el avance del neo liberalismo es absoluta. Para entrar en los detalles uno podría discutir lo que se entiende por dictadura. ¿La dictadura fue Pinochet y su junta? o ¿fue en realidad un conjunto importante de la sociedad donde, no solamente actuaron, trabajaron y colaboraron militares o policías; sino que también un gran entramado de civiles? Por ejemplo, podemos acordarnos del rol de los médicos que colaboraron en los actos de tortura, pero también los empresarios, la prensa y el poder judicial. Es por eso que nosotros, hace ya varios años, estamos hablando siempre de la dictadura cívico-militar y ya no solamente de la dictadura militar. Esto es lo que explica, en gran parte, como se confluyen estos distintos actores para poder instalar el modelo neo liberal; no es sólo terminar con un proyecto de transformación social que apuntaba a buscar mayor justicia y un sistema socio-económico más justo, sino que era además implementar un modelo distinto de transformación capitalista orientado hacia el neo liberalismo. Y para eso era necesario la participación del empresariado y de distintos poderes civiles, pero también era necesario un escenario de miedo, de terrorismo de estado que permitiera impulsar esta transformación. Cuando la gente en Chile comenta “yo no estoy de acuerdo con las violaciones de los derechos humanos pero pienso que Pinochet hizo un buen trabajo al nivel económico”, en realidad expresa con esto una falsa dicotomia, porque no hubiese sido posible hacer una cosa sin la otra. Nosotros creemos que se instaló un sistema que profundizó las desigualdades y eso está demostrado hasta el día de hoy como se ha ido aumentando la brecha entre ricos y pobres en Chile.

  1. No obstante algunos informes parlamentarios y procesos jurídicos todavía en curso, Pinochet ha seguido siendo el jefe de las Fuerzas Armadas hasta algunos años antes de su muerte y ahora toda la época dictatorial es considerada como un objeto del pasado. ¿Por qué nunca se ha discutido públicamente de la herencia de la dictadura? ¿Cuál ha sido el rol de la Concertación (la alianza de centro-izquierda que ha gobernado después de la dictadura) en guardar ese olvido?

J.R.M. Nosotros partimos de la base que la memoria es un campo de conflicto. Y esto es lo que explica que en la sociedad existen múltiples relatos de memoria. El tema es cuando desde el estado se intenta promover un único relato y cuando este ha sido elaborado, desarrollado y promovido desde el estado en todos los años de la democracia ha sido, nada más, que el reconocimiento de la violación de los derechos humanos y su condena. Es necesario tomar una postura crítica respecto a como se sostiene ese discurso. A nosotros nos parece que es difícil sostener que la violación de los derechos humanos hubiese aparecido de manera espontánea, sin un sentido. Sin embargo, eran personas que realizaban un trabajo, cumplían horarios, instrucciones. La tortura era una práctica sistematizada y ejecutada a nivel de estado como política. Y eso pareciera que es lo que no se aborda desde el relato oficial, mostrándola como una política de estado que buscó detener y eliminar a cualquier persona que tuviese relación con el proyecto de Salvador Allende y de la Unidad Popular. Cuando se reflexiona sobre los relatos del estado, que son los que se han sostenido los últimos años, no parece haber una reflexión sobre lo que ocurrió antes y después de la dictadura, como si la dictadura fuese una cápsula, un accidente de ruta. Después de la dictadura hay un proceso de negociación en las esferas políticas en Chile donde estas van transando, “la justicia en la medida de lo posible” como decía Aylwin. Inicialmente se apuntó siempre a los militares, pero ¿qué pasa con los sectores civiles que apoyaron? Y no sólo eso, más allá de la violación de los derechos humanos, la Nueva Mayoría o la Concertación – reconociendo obviamente la diferencia de matices que hay adentro de esas coaliciones – no se refieren de manera explicita a la legislación laboral, la legislación en materia de salud y en materia de previsión social establecida durante la dictadura. Eso también constituye una violación a los derechos humanos de las personas, que no fueron violaciones físicas quizás, pero que han marcado un sistema que permanentemente agrede y violenta de otra manera a la sociedad. Eso ha continuado hasta el día de hoy y lamentablemente, lo que han hecho los últimos gobiernos es administrar el mismo modelo. Recién fueron los estudiantes en 2011 los que lograron poner en la agenda pública este tema: ¿qué pasa con todas las herencias de la dictadura?

G.E. En la casa de Londres38 tenemos una frase que dice “No hay memoria sin un proyecto de presente”. El tema de la memoria es interesante cuando de alguna manera ilumina el presente, sino es un sujeto puramente conmemorativo, un fetichismo del pasado, un homenaje puramente ritual. Creo que en Chile ha habido demasiado intentos de clausurar el pasado, de encapsularlo en diferentes mecanismos para anular la potencialidad transformadora que el pasado puede tener en el no olvidamos presente. El primero de estos mecanismos fue la idea de encapsular solamente el pasado en la violación a los derechos humanos. Lo que hace toda la información contenida en los informes parlamentarios es oficializar estas violaciones, no obstante esta información ya existía en los organismos que habían trabajado en los derechos humanos y en el tribunal. El segundo mecanismo constituyó limitar de manera temporal la memoria, entendiéndola como una memoria que empieza en el ’73 y termina en el ’89. El discurso y la práctica que hemos tratado de transmitir desde Londres38 es que la memoria no tiene fronteras, que es un proceso mucho más complejo; no es algo que esté cristalizado, que se puede recuperar y tratar como un objeto. Nosotros pensamos que no puede entenderse la represión en Chile si no se visita y comprende el pasado anterior al ’73.
De igual manera, si uno quiere entender lo que fue la dictadura es muy útil observar lo que fue la post-dictadura, porque entonces se ven también las complicidades y las alianzas que se tejieron rápidamente entre sectores que también habían apoyado el golpe (en particular una parte de la Concertacion y de la Democracia Cristiana). Asi se entiende porqué es útil no respetar esas fronteras institucionales de la memoria. Si algún interés tiene trabajar desde esta casa no es sólo para rescatar o conocer la experiencia represiva sino que, justamente, para explicar esta experiencia desde las perspectivas de lucha anteriores y posteriores en el presente, desde ahí tirar una hebra que es más transversal a través de la historia.

  1. La película “No!” de Pablo Larraín, que ha ganado un éxito mundial en el ultimo tiempo, parece mostrar como la alianza que derrotó Pinochet al referéndum no sugería una alternativa política al paradigma neo liberal. La misma metodología utilizada por el protagonista (el personaje de Gael García Bernal) parece más en continuidad con las ideas de marketing y comunicación neo liberal estadounidense que en discontinuidad con el mismo régimen, como si el cambio provocado por el referéndum fuera solo formal y no sustancial.

G.E. No vi la película, por prejuicio. La voy a ver en algún momento, pero tuve cierta resistencia a verla por ese enfoque que ha dejado completamente afuera, por lo que he leído y escuchado, a los verdaderos protagonistas de ese cambio, que fueron las persistentes movilizaciones durante casi los 17 años de dictadura, las 22 protestas nacionales desde el año 1983, pero también la resistencia previa al 1983. Pasaron tantas cosas en esos 17 años que hicieron posible ese cambio. La visión de la película es una visión muy generalizada sobre el término de la dictadura y la idea que fueron los políticos tradicionales los que lograron producir ese cambio con un lápiz y el voto, y que todo ese proceso social y político de organización que duró años y que costó mucho en muchos sentidos, queda invisibilizado.

  1. ¿Cúal de las herencias de la dictadura perduran hasta hoy? Me refiero en estos dos sentidos: ¿cómo afectó la derrota de la experiencia Allende a los cambios propuestos por los movimientos sociales? ¿Se puede decir que fue, en todos los sentidos, una derrota ideológica? Por otra parte ¿Podemos afirmar que el alto nivel de desigualdades en Chile procede desde la experiencia pinochetista?

G.E. Chile ha sido históricamente un país desigual, pero esta desigualdad no surge durante la dictadura, es muy anterior. La desigualdad está inscrita en el nacimiento de Chile como estado-nación, iniciándose por la ocupación del territorio y el exterminio de los pueblos originarios. La experiencia de la Unidad Popular y todo el proceso de organización social y política que la acompañó buscaba transformar esa historia de desigualdad. La dictadura es una contrarrevolución en este sentido, realizando una transformación de la economía, del estado, de la sociedad en donde se instalan nuevas formas de desigualdad, y también nuevas formas de legitimación. En este sentido, comparto mucho esa idea de una derrota ideológica muy profunda y más profunda que otros países en en los cuales ha habido dictaduras. Estoy pensando por ejemplo en Argentina, en donde hay ciertas ideas de reivindicaciones que siguen formando parte del sentido común de la gente. Acá no, hay muchas cosas que se perdieron definitivamente y que fueron vencidas por el individualismo, en su sentido más profundo, como forma de desarrollo de una sociedad. Yo creo que en Chile operó una transformación mucho más profunda y la prueba de eso es que han tenido que pasar casi 40 años para que se produjeran movilizaciones como las del 2011 que apuntaban justamente a decir “esto que se instaló en dictadura corresponde a esta ideología, y esto es lo que tenemos que cambiar”. Este señalamiento no se había producido con esta fuerza, masividad y extensión desde el término de la dictadura.

  1. Hoy en dia ¿Qué significa en Chile construir una memoria común de la experiencia de la dictadura? Londres38 se propone buscar una continuidad entre las luchas del pasado y del presente, sin omitir rupturas y diferencias. ¿Cómo juzgan las luchas de los últimos años por la educación pública y las huelgas de los mineros? ¿Podemos decir que estas protestas han visibilizado la cara real del neo liberalismo en Chile?

J.R.M. Nosotros siempre hacemos dos lecturas de eso. Por una parte, efectivamente interpretando y reconociendo como continuidades de la lucha que han dado los trabajadores, los estudiantes, el pueblo Mapuche y otros sectores sociales. Entendiendo que son procesos históricos de largo aliento, donde la lucha de hoy tiene directamente relación con la lucha del pasado y se retro alimentan, se resignifican y van de manera dinámica transformándose y respondiendo también al contexto que va interpelandonos en el presente. En este sentido para nosotros es muy importante, posicionarnos a favor de los movimientos, pero también eventualmente poder aportar a ellos con esta reflexión sobre el vínculo entre el pasado y el presente, para que ellos se reconozcan también como sujetos históricos, como un movimiento que transciende mucho más allá de la constitución especifica de una huelga por un determinado contexto. En realidad son momentos de una lucha histórica de larga duración. La otra lectura que hacemos tiene que ver con que al definirnos como una organización defensora de los derechos humanos, no pensamos únicamente en la defensa de estos en el sentido de la tortura, de la persecución, etc., sino también en promover el ejercicio de los derechos humanos y uno de esos es la libertad de manifestación, poder participar activamente como ciudadano, como sujeto político por las transformaciones que la sociedad está demandando.

G.E. Sin duda, porque además estas luchas han apuntado a lo que en dictadura se llamó las “modernizaciones”, los nueve ejes de transformación que se propusieron: la constitución, las privatizaciones, el código del trabajo, la previsión, la salud, la educación, etc. Pero yo creo que el principal logro de las movilizaciones estudiantiles fue el mover la frontera de lo posible, en términos políticos y en general, no sólo respecto al tema de la educación. Estas permitieron señalar y mostrar que la movilización y la lucha podían mover esa frontera que durante décadas nos habían dicho que no era posible mover, incluso en el mundo existía consenso y unanimidad desde “el fin de la historia” de Fukuyama – y Chile fue uno de los paises donde Fukuyuma fue mejor recibido.

  1. Observando las imágenes de represión que ocurren en las protestas del último tiempo en Chile, parece que una discusión radical tiene que hacerse en relacion al rol represivo de la policía en estas. ¿Puede ser eso otro punto de continuidad entre la dictadura y el presente, entre las prácticas de tortura y las vejaciones sufridas por los estudiantes en los últimos años de movilizaciones?

J.R.M. Si, claro. No podría afirmar que son prácticas sistematizadas, como en la dictadura para perseguir y aniquilar un sector político, pero se pueden identificar actos que son claramente herencias de la dictadura. Un ejemplo es la permanencia de un sistema de justicia militar, que es una garantía de impunidad para cualquier uniformado. Hay casos notables de eso, el caso de Manuel Gutiérrez, joven asesinado en la comuna del Macul mientras presenciaba una protesta. Recibe el disparo de un carabinero, el cual fue procesado a través de la justicia militar con una pena muy baja, sin condena de cárcel. El caso de David Riquelme, una persona que fue asesinada por un grupo de infantes de marina después del terremoto, cuando se declaró el estado de emergencia. También el caso de José Huenante, joven mapuche de una familia muy pobre de Puerto Montt que fue secuestrado y detenido por una patrulla de carabineros y desde entonces desapareció. Nosotros también vemos esto como una forma de desaparición forzada, porque fue detenido por agentes del estado. Es notoriamente visible que las mismas prácticas siguen ocurriendo, con otra intensidad, de otra forma, pero siguen ocurriendo.

  1. Otra represión histórica en el territorio chileno es la sufrida, desde hace siglos, por el pueblo Mapuche, la cual se ha intensificado desde la existencia del Estado chileno que nunca ha reconocido sus derechos. ¿Cuál importancia tiene hoy en día la lucha del pueblo Mapuche en la construcción de un patrimonio común de luchas sociales que puede poner en crisis el orden neo liberal?

J.R.M. El rol de las múltiples luchas que desarrollan el pueblo Mapuche es muy importante para poder impulsar la transformación del sistema actual en Chile. Nosotros coincidimos y nos interesa mucho las demandas que algunos movimientos mapuches impulsan, interpelando el estado desde el punto de vista del autodefensa territorio mapuche reconocimiento de su territorio, de su dimensión cultural, de su cosmovisión, pero también de su integración a las decisiones políticas que se realizan dentro del país. Reconocemos el derecho del pueblo Mapuche a desarrollar su proyecto, autónomo en un territorio proprio. Muchas veces se imputa, desde los sectores más críticos de la lucha mapuche, que ellos no hacen un uso intensivo y productivo de la tierra. Eso tiene que ver también con su cosmovisión, ellos no son un pueblo que pretendan industrializarse. El estado chileno tiene que desarrollar la madurez suficiente para poder contener este proyecto autónomo, no sólo de los mapuches sino de todos los pueblos originarios, que también están movilizados y que han planteado sus reivindicaciones (el pueblo rapanui, aymara). Algunos de ellos, incluso, comparten también territorios con países vecinos, lo que hace la situacion mas compleja y por lo que un estado que se auto define como el estado-nación clásico no va a ser capaz de resolver esa complejidad.

  1. Finalmente, en referencia a la continuidad de las luchas del pasado y del presente, en 2013 Londres38 ha organizado para conmemorar los 40 años del golpe de estado, un taller de serigrafias, implicando muchos colectivos chilenos. Los afiches, ahora expuestos en la casa de Londres38, señalan una variedad de luchas en curso. ¿De qué hablan las luchas en Chile hoy en día?

J.R.M.La convocatoria para participar en este proceso del taller de serigrafias, se hizo con el objetivo de hacer una reflexión sobre los 40 años desde el Golpe de Estado, pero no para acordarnos especificamente del bombardeo a la moneda, sino pensar en qué ha pasado en los últimos 40 años en Chile. Eso fue muy interesante, fue romper la barrera de pensar los 40 años atendiendo unicamente la dictadura, es pensar los 40 años como todo el proceso. Fue muy interesante ver como las distintas organizaciones dieron un contenido diferente y variado a ese marco planteando diversas reivindicaciones. Lo que uno puede observar, respetando obviamente la diversidad de relatos y visiones que hay en esta exposición, es que casi todas coinciden en que las reivindicaciones y las demandas apuntan justamente a resolver temas pendientes que se arrastran desde la dictadura, pero que, todavía hoy existen en democracia. La exposición habla de un descontento que es transversal a distintos sectores sociales y políticos y a distintos temas como salud, educación, trabajo, diversidad sexual, igualdad de género, etc. Como organización social, aunque nos gustaría, no tenemos la posibilidad de involucrarnos directamente con cada una de estas luchas, pero hemos aportado a incentivar esa reflexión, abriendo un espacio de diálogo y debate.